
BUSCAMOS DESCANSO...HASTA EN LOS LIBROS
Por Abraham Quintero
Lic. Español y Literatura
Y, ¿qué hacer cuando llega el ansiado sonido a nuestros oídos? Lo primero es darle gracias a esa mano amiga que fuertemente haló la cuerda e hizo que la campana sonara. Después… no sé hay tanto para hacer en tampoco tiempo ¡30 minutos!. José irá a la tienda, Aleja irá al baño, pues el o la profe no la dejó salir, JuanCa pedirá permiso para sacar una fotocopia que había que traer para la clase, Luis se sentará a comer esa mediamañana que con tanto amor y sueño le preparó su mama, Carolina se encontrará con las amigas de 10º para conversar sobre la rumba del domingo, Andrés aprovechará para preguntarle algo al profe y se dirigirá a la sala donde sabe que lo encontrará; así escuche la voz ¡no se permiten estudiantes en la sala!; y lo más seguro es que Pipe se siente solito en un rincón a analizar todo lo que pase a su alrededor, pues es de esas personas que no encuentran mucho para hacer en el descanso pedagógico; a pero eso sí, Andrés David, Jesmar, Luisa, Víctor, Jonathan, Camilo, Alex, Laura, Juan Pablo y Miguel ya saben donde se van a encontrar y tienen muy claro el objetivo de su descanso: LA BIBLIOTECA.
Ya allí, este grupo selecto de chicos lectores, también conocidos como “Los ratoncitos empedernidos” empiezan a recrearse con las historias que encierran sus amigos de todas las horas. Andrés pide al Profe que le ayude a encontrar “Las Brujas” de Roald Dahl, Víctor coge “La maravillosa medicina de jorge” también de Roald Dahl, Jesmar decide leer “El coronel no tiene quien le escriba” de Gabriel García Márquez, Luisa prefiere divertirse con los poemas de Jairo Aníbal Niño, por eso lee “La Alegría de Querer”, Juan Pablo, está como enamorado y pide que le busquen algo de poesía, el profe le encuentra al poeta del “amor”, Pablo Neruda y le recomienda “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”; pero Jonathan, Camilo, Alex, Laura y Miguel quieren divertirse escuchando leer al profe que los acompaña en el descanso.
El profe los manda a sentar y les pregunta cuál es el tipo de lectura que quieren escuchar, como aceptan cualquier género, decide leerles el texto “Cuentos para jugar” de Gianni Rodari. Con sus ojos lelos en el profe y su imaginación por las nubes, ellos están descansando de dos horas de clase y se están recreando con la lectura.
Jonathan quiere leer y el profe asiente, pues su voz se desgasta y que mejor oportunidad para descansar. Uno a uno se van turnando la lectura y se escuchan tonos variados en ella, lo que hace más dinámico este momento.
De pronto Andrés David, que esta en otra de las mesas, pregunta –profe ¿qué significa la palabra ávido?- el profesor le recomienda deducir el significado de acuerdo con el contexto y el lector termina relacionando la palabra, con las ganas de comer, en este caso.
Ahora, el sonido que antes era motivo de alegría y alborozo, es repulsivo y generador de sentimientos encontrados, pues los chicos de la biblioteca, al igual que los demás ajenos a este lugar, quisieran seguir descansando y compartiendo sus vidas e historias cotidianas.
La voz de convivencia les sugiere dirigirse a sus aulas y las palabras quedaron suspendidas en el aire esperando a que llegue otro momento sonoro que los invite a atraparlas; pues en “El templo de los libros” quedaron personajes suspendidos en el tiempo y deseosos de saber cual será su final, y en los corredores y patios de “El templo de la pedagogía” quedaron historias inconclusas, bromas sin realizar, “necesidades” por hacer, un abrazo por regalar y una palabra para animar este lunes, que bien hacen los chicos en llamar Lunpereza.
Por Abraham Quintero
Lic. Español y Literatura
Y, ¿qué hacer cuando llega el ansiado sonido a nuestros oídos? Lo primero es darle gracias a esa mano amiga que fuertemente haló la cuerda e hizo que la campana sonara. Después… no sé hay tanto para hacer en tampoco tiempo ¡30 minutos!. José irá a la tienda, Aleja irá al baño, pues el o la profe no la dejó salir, JuanCa pedirá permiso para sacar una fotocopia que había que traer para la clase, Luis se sentará a comer esa mediamañana que con tanto amor y sueño le preparó su mama, Carolina se encontrará con las amigas de 10º para conversar sobre la rumba del domingo, Andrés aprovechará para preguntarle algo al profe y se dirigirá a la sala donde sabe que lo encontrará; así escuche la voz ¡no se permiten estudiantes en la sala!; y lo más seguro es que Pipe se siente solito en un rincón a analizar todo lo que pase a su alrededor, pues es de esas personas que no encuentran mucho para hacer en el descanso pedagógico; a pero eso sí, Andrés David, Jesmar, Luisa, Víctor, Jonathan, Camilo, Alex, Laura, Juan Pablo y Miguel ya saben donde se van a encontrar y tienen muy claro el objetivo de su descanso: LA BIBLIOTECA.
Ya allí, este grupo selecto de chicos lectores, también conocidos como “Los ratoncitos empedernidos” empiezan a recrearse con las historias que encierran sus amigos de todas las horas. Andrés pide al Profe que le ayude a encontrar “Las Brujas” de Roald Dahl, Víctor coge “La maravillosa medicina de jorge” también de Roald Dahl, Jesmar decide leer “El coronel no tiene quien le escriba” de Gabriel García Márquez, Luisa prefiere divertirse con los poemas de Jairo Aníbal Niño, por eso lee “La Alegría de Querer”, Juan Pablo, está como enamorado y pide que le busquen algo de poesía, el profe le encuentra al poeta del “amor”, Pablo Neruda y le recomienda “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”; pero Jonathan, Camilo, Alex, Laura y Miguel quieren divertirse escuchando leer al profe que los acompaña en el descanso.
El profe los manda a sentar y les pregunta cuál es el tipo de lectura que quieren escuchar, como aceptan cualquier género, decide leerles el texto “Cuentos para jugar” de Gianni Rodari. Con sus ojos lelos en el profe y su imaginación por las nubes, ellos están descansando de dos horas de clase y se están recreando con la lectura.
Jonathan quiere leer y el profe asiente, pues su voz se desgasta y que mejor oportunidad para descansar. Uno a uno se van turnando la lectura y se escuchan tonos variados en ella, lo que hace más dinámico este momento.
De pronto Andrés David, que esta en otra de las mesas, pregunta –profe ¿qué significa la palabra ávido?- el profesor le recomienda deducir el significado de acuerdo con el contexto y el lector termina relacionando la palabra, con las ganas de comer, en este caso.
Ahora, el sonido que antes era motivo de alegría y alborozo, es repulsivo y generador de sentimientos encontrados, pues los chicos de la biblioteca, al igual que los demás ajenos a este lugar, quisieran seguir descansando y compartiendo sus vidas e historias cotidianas.
La voz de convivencia les sugiere dirigirse a sus aulas y las palabras quedaron suspendidas en el aire esperando a que llegue otro momento sonoro que los invite a atraparlas; pues en “El templo de los libros” quedaron personajes suspendidos en el tiempo y deseosos de saber cual será su final, y en los corredores y patios de “El templo de la pedagogía” quedaron historias inconclusas, bromas sin realizar, “necesidades” por hacer, un abrazo por regalar y una palabra para animar este lunes, que bien hacen los chicos en llamar Lunpereza.
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